My Wine History

Queremos agradecer a todos los que votaron por nuestras histororias en el concurso "My Wine Story 2da Edición". Resultó ganadora la historia  "Nuestra Tierra".

Para los que no las hayan podido leer todavia, a continuación  adjuntamos las mismas.

Capítulo 1 - Tierra nuestra

Dice un viejo chiste: “los peruanos vienen de los Incas, los mexicanos de los Aztecas y los argentinos de los barcos”. Esto no es completamente cierto, pero en mi caso es tan verdadero, aseguraría Giuseppe, como que Dios existe.

Giuseppe Lanzarini, vendría a ser algo así como el bisabuelo de mi abuelo, y desde él hasta hoy, mi familia trabajó la tierra y lo sigue haciendo. Es por eso que el arraigo, la pertenencia, nuestras raíces están tanto en esta tierra como la vid que regamos, como la de los nativos que la pueblan desde antes.

Esta historia comienza alrededor de 1905, en un barco de Italia a Chile, Giuseppe y Emilia con sus hijos en busca de la abundancia que prometían desde este lado del mundo.

Capitulo 2 - Módena

Giuseppe Lanzarini, jardinero del convento de monjas de Módena, Italia, correcto de raza, católico hasta el tuétano, dueño de una nariz aguileña que yo cargo tan italiana como la de él o la de un Cesar. Conquistó a Emilia, aunque en realidad debe haber sido más una proposición sin besos, ni romanticismos, un “nos casamos niña”, o a lo mejor no fue tan así, y Giuseppe le prometió la América desde el sur argentino hasta Canadá. Ahora las parejas se encuentran en un boliche, en un bar o hasta en Internet, mis mayores se conocieron en un convento. Y decidieron emprender viaje, escapando del hambre que acechaba a Europa, con un par de guerras en la gatera, llegaron a Chile, cargando sólo con la bendición de las monjas del convento. Y si le hubieran contado que sus nietos iban a tener sus propios vinos con su apellido, no hubiera creído ni una palabra.
Capitulo 3 - Chile

Giuseppe y Emilia Lanzarini esperaban un destino prospero, moldeado por sueños propios, un futuro para sus hijos, un cielo más celeste y unas 50 hectáreas de tierra para cultivar la vid. Cayeron de los barcos los inmigrantes a la nueva realidad, cayeron a promesas incumplidas, cayeron a una tierra no tan vasta como habían escuchado y cayeron a un cielo que era bastante parecido, por desgracia, al de su lejana Módena.

Sobrevivieron hasta enero, y comenzaron el cruce de Los Andes, las mulas no cargaban el equipaje que no tenían, sino a los niños en cajones. Mi tatarabuelo, Leonardo, aún no caminaba, ni hablaba, pero tenía un cajón de primera clase, con una vista privilegiada al precipicio infinito. En el camino escucharon de un general que había hecho lo mismo para expulsar a europeos ricos, que ahora regresaban dueños de pobrezas extremas, pero no dieron crédito a lo que oían.

Capitulo 4 - Mendoza

Llegaron a Rivadavia, donde un compatriota, Don Gargantini, les tendió una mano, y Giuseppe se rompió las dos manos de jardinero a fuerza de trabajo, y yo casi cien años después escribo esto con mis manos, últimos brotes de las raíces aquellas. Pero volviendo a la historia que no me toca hasta muchas vendimias después. Este buen hombre, les dio una casa, muebles, comida y una idiosincrasia totalmente nueva a la familia Lanzarini que devolvieron con trabajo constante y sonante del recién llegado Giuseppe, que no dejó que las piernas se le enfriarán de la caminata por la cordillera para ponerse manos a la obra.

Desde ese día los sueños empezaron a florecer como los viñedos en primavera, y la historia a crecer como el sarmiento que serpentea.

Capitulo 5 - Bodega Lanzarini

Dos de los hijos de Leonardo, José y Alfredo Lanzarini, eligieron el mismo rumbo, uno a la par, uno plagado de cultivos y vinos. Todo venía viento en popa, de la mano de la astucia empresaria que caracterizaba al Tío Alfredo y la perseverancia trabajadora de José.

El Tío Alfredo en el año 1936, compró la Bodega a través de diversos artilugios y pagos dignos del más alto gerente de una empresa estadounidense, en 10 años pasó de producir 1 millón de litros de vino a 5 millones, además, adquirió unas cuantas hectáreas de viñedos. Esto permitió que esta sociedad prosperara.

Capitulo 6 - La muerte, una suerte ineludible

El 1945 trajo el fin de la Segunda Guerra Mundial en el continente del viejo Giuseppe, aunque la muerte temprana no dejaría el mundo definitivamente. Del otro lado del Atlántico,  empujo al final de su vida a José Lanzarini y en cadena, también, al Tío Alfredo tres años después y a mi tatarabuelo Leonardo, casi como de tristeza. Así, en un parpadeo. Alfredo, dicen que juraba que él se iba morir cuando él lo decidiera, una y otra vez lo repetía. La muerte cuenta la biblia, y eso Giuseppe lo sabía muy bien, había perdido una sola vez, y con su victoriosa picardía, aquel trágico día de 1948 desmintió aquella promesa del tío.   Se lo llevó sin previo aviso, dejando ya no, a una mujer, sino a dos mujeres, tres nenas y a mi Nono, un niño de 12 años.

Capitulo 7 - Mujeres de vino tinto

Instantáneamente, uno asocia a las mujeres con el vino blanco, dócil, delicado, suave. Imagínense hace 60 años. Pero, mi bisabuela y su concuñada, eran mujeres de vino tinto, recias y fuertes. Ante la muerte temprana de sus esposos, Catalina y Yolanda, no agacharon la cabeza sumisas. Sino que estas mujeres, jóvenes y bellas, dueñas de una bodega, se interpusieron ante todos los estereotipos que una sociedad de caudillos y machos le imponía. No dieron cabida a ningún hombre que iba detrás de su herencia, menospreciando su destreza en el manejo del negocio. Sino que se tomaban un tinto a su par con determinación.

Terriblemente unidas y con convicción salieron adelante, hasta que mi abuelo, Carlos Lanzarini sin cumplir la mayoría de edad comenzó a trabajar con ellas.

Capitulo 8 - Hoy

Todos hablan en la mesa dominguera, mi abuela con sus pastas caseras y mi abuelo descorcha el vino, sin etiqueta, ni marcas, pero yo siento en el sonido del corcho destapado: las manos del jardinero aquél de Modena y la pobre Emilia, a mi bisabuelo José y su muerte temprana como el alba, escuchó la voz fuerte del Tío Alfredo negociando la Bodega, Catalina y la Tía Yolanda abriendo camino contra viento y marea, a mi Nono con su racimo de años entre mujeres recias como la tierra que le dejaron sus esposos, muchas vendimias malas y muchas vendimias buenas. Todas mis raíces sobre la mesa. Y es inevitable percibir la historia de mi familia a la par de la del vino, porque son la misma, crecieron hermanadas en estas tierras, y los años las siguen uniendo cada vez más.

Martin Lanzarini, tatara-tatara-nieto de Giuseppe